jueves, 24 de mayo de 2012

Odiseo frente a Itaca devastada


Todos no podemos conquistar el paraíso,
sólo intuir, visitarlo con la fe
que ponemos en las cosas
y creernos, como Adán, expulsados
Jordi Virallonga



Las sílabas se reencarnan en prosa coherente  
los conceptos retoman su sentido
llenando los vacíos del silencio que no espanta,
las galeras pasan sin detenerse
la isla ha quedado a merced de tempestades
huérfana del secreto de los mapas,
invadida por la lógica
presa de la obscena perfección de los cuadrantes
con las metáforas moribundas en la playa
como delfines dementes que encallaron
engañados por el susurro tibio de las caracolas.

Es el momento de cubrir los espejos
retornar al continente
liberar sin regreso las palomas.

No es preciso cerrar puertas,
nadie traspasará los arrecifes
éste es territorio contaminado por las exactitudes,
un corazón caníbal habita en las entrañas:
engendra sentimientos en la noche
y los devora impasible con el alba.

Cuando el capricho de la luna se consuma
el promontorio de vocablos morirá
engullido en la marea de las realidades.


Ave Mundi - Rodrigo Leão
                                                                     

lunes, 21 de mayo de 2012

Baldeando...que es gerundio (remasterizado)


 Debido a la imposibilidad absoluta de escribir nada coherente, por el estado de coma inducido en que mantengo mi cerebro mononeuronal, encontré este texto entre mis copias de seguridad del blog anterior y lo hago servir para reiniciar la marcha. Además de servirme como anillo al dedo para demostrar que en el fondo y a pesar de todo, soy más bueno que el pan…sólo es cuestión de untarme un poco de mantequilla..:) 


 
 Diccionario de la RAE:
baldear: Regar con baldes cualquier suelo, en especial las cubiertas de los buques con el fin de refrescarlas.

 Regularmente en nuestra casa ocurría una pequeña revolución: el día escogido para baldear. Bien temprano recogíamos los muebles, abríamos puertas y ventanas e inundábamos las habitaciones de agua y jabón, sin contemplaciones, como una versión doméstica del diluvio universal.
 No tengo que decir que para los niños era una fiesta. Ese día nos estaba permitido mirar más de cerca, ¡sin tocar!, la vajilla de la vitrina, los vasos y copas multicolores, la mantequillera en forma de campesina holandesa, los pozuelos de porcelana amarilla que jamás supimos para qué servían, y el resto de objetos celosamente guardados detrás de los cristales.
  Durante unas horas las paredes se desnudaban, porque del trapo húmedo no se salvaban ni el par de bailarines de yeso, ni las plumas del indio piel roja: al final del día todo tenía que estar desempolvado, lavado, seco y recolocado.
  En ocasiones el baldeo iba más allá y la sala se trastocaba en dormitorio, el comedor perdía simetría y los armarios cambiaban de habitación, así era posible que tu cama dejara de ser la primera de la derecha al entrar para convertirse en la última de la izquierda, justo debajo de la ventana.
  Muebles, cuadros y cortinas cambiaban de sitio, para alegrar la vista, decía mi abuela, o para despistar las energías negativas, según mi tía. Cualquiera que fuese la razón, al día siguiente la casa parecía totalmente renovada, limpia, reluciente, en fin, baldeada.
  No existía una fecha determinada para baldear, se decidía el día antes o incluso el mismo día por la mañana. Mi abuela lo hacía…y mi madre…y mis tías…y los hijos de mi madre y de mis tías…
 A mi padre no es que le hiciera mucha gracia, pero eso tiene el vivir bajo un matriarcado: los hombres opinan y las mujeres deciden. Es mejor sumarte al baile que excluirte, tal vez por eso mi abuelo era el primero en colaborar y cubo en mano nos hacía saltar chillando bajo al agua, para luego asegurar: Les dije que se apartaran….. Pero no era cierto, no lo había dicho!
  Estoy por enviar una sugerencia a la Real Academia, baldear no sólo refresca.
  Para nosotros, si un asunto parecía turbio necesitaba un baldeo; si un problema se nos escapaba de las manos, rápidamente tenía que baldearse; si parecía que todo se torcía y la mala suerte te perseguía, te tenías que baldear para despejar el camino; dejar las cosas claras en una discusión era dar un baldeo y si alguien o algo no tenía solución era sencillamente imbaldeable.
   La vida me ha enseñado que baldear de vez en cuando va de maravillas. Es como sacarte el corazón y cepillar los sentimientos. ¡Bien fuerte!. Luego dejas correr agua en abundancia, que arrastre toda la mugre que puedas haber acumulado.
…¡Apa!...¡Escoba al canto y fuera el agua sucia!...
 Después secas con cuidado, pero a conciencia, y vuelves a colgarte el corazón en el lado que te plazca.
  Sí, eso del baldeo cansa…¡pero te quedas tan a gusto!...